Se corre y no se vuela.

Que la vida era

derramar la comida en el mantel,

deshojar la soledad en los andenes

y volver de una vez por donde vine.

Buscar el sentido a los días,

cuando el sentido es vivirlo en tus malezas,

rodeando tu espalda

como rodeo mi estómago en días de hambre y duelo.

Escapar del paso del tiempo

por las ventanas que nunca pude abrir

en los desiertos del aire,

y la piel. Y los versos.

Retornar a los días del relámpago

y las luces apagadas,

sudores empapando sábanas y noches en vela

y las manos…y las manos en la espalda.

Nunca hablo alto

para no aturdir el paso del viento

que asoma indeciso y no provoca 

esperanza.

Destruir al juez que llevo dentro,

entender al niño asustado

que gobierna las entrañas y 

busca el camino de regreso.

No alimentar tanto a la culpa.

Echarte de menos

sin llenar de tierra los mares del infierno.

No decir nada,

que hoy vengo con la voz quebrada

entre los dedos y tu nombre…

Tu nombre. La brisa. Los sueños. La despedida.

Y no corras, que ahora toca esperar

en los lagos del olvido y la nostalgia.

Que en estos días de tristeza

se corre y no se vuela.

Se corre y no se vuela…

 

 

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