11 de Marzo. Ahórrate las horas.

Hace frío en ésta sala.

Han sido demasiadas horas,

las caras se mezclan entre el humo y el ruido.

La tarde, vomita con estruendo

el sonido de las maquinas

s i n    v i d a.

 

Recuerdo las canciones de los discos

que traías  cada tarde,

los mismos que hoy me salvan de los puñales

que aquella mañana

e x p l o s i o n a r o n.

 

Espectador sin voz ni voto,

ni lagrimas que brindar al acto de las emociones.

La confusión, hipoteca el nervio y el miedo.

Y    p a r a l i z a .

 

Irritante medicación que no cura

el desasosiego de verte dormido,

como nunca te vi,

t a n    d e s p a c i o.

 

Tienes la mirada perdida,

no entiendes lo que pasa.

Eres el último, y ya nada importa.

Por tratar de vivir en esas sábanas

lo que un día ya no duermes.

 

Y las flores.

No son un buen presagio.

Pero aquí estás. Y yo sin entender éste vacío

de espumas y angustia.

 

Ésta rabia, la furia contenida,

la culpa que no logro sujetar,

la lágrimas que no logro detener

t a n   d e n t r o.

 

Ahórrate el viaje.

Ahórrate las flores y el incienso.

Estoy de paso, y llevo el arma en el invierno.

Que no vivimos. Que no se repetirá.

 

(A mi hermano. Y las horas.)

 

 

 

 

 

 

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