Acuse de olvido.

Escribir para entenderse uno mismo.

 

Vivir rayando el filo de la tangente

que conduce a sus miedos.

Vencer al monstruo que habita en cada habitación

del cementerio que llevamos dentro.

 

Respirar el calor de la noche,

viendo entre las cortinas la luz

que se vislumbra en la mirada triste.

Reflejar la permeabilidad de lo que siente,

si ya no estás.

Si ya no estamos.

 

Tengo los defectos de un reloj viejo

que ya nadie usa.

Y las virtudes del colibrí que yace

en el nido de la espera.

 

Quererme como a la hierba el animal desvalido,

cuando nunca me di raíz para crecer.

Soy el hambre de una tarde sin sol,

anegada por la lluvia que abre fuego

en los caminos del asfalto.

 

Soy la arruga hiriente de una camisa sin planchar.

La herida hendida de un alma que vuela

detrás de los dragones y los fuegos.

 

Y si se trata de aquello,

caminaré sin alas hasta el quicio

para saltar con los ojos cerrados.

 

Y gritar, que no quiero volver.

Si no es besando párpados,

acariciado entrañas,

mordiendo tus miedos

o escudriñando intenciones.

 

Encontrar en este vacío

algo parecido a una respuesta.

Bañada de sangre y puntos suspensivos

que secan sus llantos

en la cuerda de tender.

 

Buscar días sin lluvias en Abril

y noches desiertas en las calles de Madrid.

Huir sin pensar en el recuerdo

que atormenta y añade ácido a la saliva.

El recuerdo, que no precisa recibos

ni acuses de olvido.

 

Matar todos los monstruos,

los que salen cuando sudo por los poros,

los que se esconden cuando recuerdo

el vuelo de tu falda.

 

Y no morir, para vivir en el intento…

2 comentarios sobre “Acuse de olvido.

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