Madre, alma viva.

Que no.

Que no estás viviendo la vida que soñaste.

Que tus ojos encierran hoy  las heridas del camino

que tejiste sin espacio para la elección.

 

No tuviste tiempo para ese café en la puerta,

para esa amistad que relajara tu sonrisa;

no hubo tiempo para esa canción desesperada,

o ese poema de amor que nunca nadie te escribió.

 

Tiempo para tejer la ropa de abrigo

con lana que se anuda a tu cuello.

Y no la ves, es invisible. Pero créeme,

que corta el aire y ensombrece los sentimientos.

 

Ya nunca coserás los trajes que enraizaban tu futuro,

ya nunca gritarás el feminismo que siempre callaste.

Ya no podrás parar de pelar fruta fresca,

sin pararte a oler su piel, a tocar su tierra…

 

Cosiste los jerséis azules y blancos,

para el abrigo de seis muestras del egoísmo.

Tus manos cosían sin parar;

botones y ojales,

bajos de pantalones de barro y

rodilleras que mostraban el calor de los parques.

 

¿y mientras qué?

Mientras…te lo digo yo,

ahora que el perdón empieza a rozar mi mano

y la culpa es el deseo de la muerte.

 

Mientras,

tu alma se deshacía a golpes de puntada,

ese roto sin descosido conocido en el universo.

Mientras,

el hilo temblaba tras el sonido de los tacones

en el descansillo.

Mientras,

otro día más en el calendario del aburrimiento;

otro día más que anotar en el diario del miedo.

 

Soy culpable,

de no percibir tu sufrimiento

a pesar de besar tus lágrimas en silencio

y apretar tu mano a gritos.

 

Culpable,

de agarrarme a tus piernas mientras pisabas con ritmo

el pedal marrón de acero que sonaba a música celestial,

mientras tu mano buscaba mi pelo,

para sentir que estaba ahí, meciéndome entre tus medias.

 

Culpable

de no hablar. De sentir solo entre sollozos.

De querer gritar y quedarme parado destrozando

el motor de mis emociones.

 

Culpable de un egoísmo interesado

por el simple hecho de salir de tu vientre,

mirando para otro lado,

empujando tus miedos al viento.

 

Éste picor que me sube por la nariz,

es el reflejo de la emoción mientras escribo,

las lágrimas que llevan una eternidad cayendo

dentro del vacío que dejó la tormenta.

 

La cuna del miedo desde donde grito es

el cordón invisible que me une a tu vida.

 

Tu corazón hoy está marchito,

pero tu alma..

tu alma está viva.

 

Y volverá con la palabra libertad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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