La Soledad.

La soledad es caminar siempre al borde de algún abismo y tragar los cristales rotos del espejo.

La soledad es el filo de la navaja acariciando las venas de tu cuello.

La soledad es comer sardinas en lata y dejar que las espinas y el viento te ahoguen. 

La soledad es aprender a llorar frente a un extraño y ahogarte cuando quieres hablar con alguien. 

La soledad es el reloj que no abriga el tiempo y ve pasar las horas quemando derrotas a su paso. 

La soledad es cantar solo, descubrir solo, llorar solo. 

La soledad es sentirse amapola en un campo lleno de lavandas. Es sentirse raro y no saber explicar que eres como los demás isótopos del planeta Marte.

La soledad es sentirte inerte entre tanta vida perfecta y sonriente. 

La soledad es la víspera de la esquina del desierto, el que azota de arena el corazón y aprieta el mazo de la justicia. 

La soledad es ser juez y parte, y no tener quien espante el monstruo que has alimentado en noches oscuras de frío y miel. 

La soledad es un billete de avión de vuelta, un aroma a desdicha, un vientre con fecha de caducidad extrema y salvaje. 

La soledad son cicatrices, culpas en la mochila y dictadores del tiempo y las ojeras.

La soledad es tener arena en los bolsillos, ruido en la cabeza y barro en el pantalón. 

La soledad es estar a un lado del raíl, sentado en las cunetas junto a los muertos. 

La soledad es una ideología extraña que ya nadie entiende al otro extremo del atril.

La soledad no daña. 

La soledad extraña. 

Se soporta.

3 comentarios sobre “La Soledad.

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