Pesa la palabra.

Alejarme del adiós por compromiso,
del abrazo vacío,
del pájaro mudo sin canto ni permiso.

Alejarme del buitre inconsciente,
y su alimento infecto
de tortura urbana y valiente.

Aleja de mí el peso innecesario,
la ropa que no abriga,
los olores que intoxican pulmones de anticuario.

Aléjame del enfado y la malnutrición,
aléjame del asco y el verso encorsetado;
aléjame del beso con miedo y mirada con traición.

Acércame al viento que te arrastra
a la vida de tus entrañas,
al sonido de tus sueños que mi almohada aguarda.

Acércame a la fidelidad de las piedras al camino,
al aire puro de tu aliento en mi garganta,
a las gotas de rocío que guían mi destino.

Acércame al vicio y la locura,
al amor de ropa rota y prisa de andén.

Acércame a la pasión de guardarropa,
al deseo de noches de lunas eternas por llenar.

Acércame a los besos de abrazo y mordisco,
de mirada lenta encima del reloj de arena.

Acércame al sexo de rosas y vino,
de ansia por verte y aún no te has ido.

Acércame al atardecer entre tus pechos,
a tu calor de verano en pleno Enero.

Acércame aunque no estés,
ahora que pesa la palabra.
Detrás del humo,
bajo la piedra,
hay un hombre que se quiebra en el silencio.

4 comentarios sobre “Pesa la palabra.

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