El adiós definitivo.

La motivación de un perro ladrando a una puerta,
el sueño de una luz de verano en una librería.

Dicen que no supiste arrancar el alma,
y que duele el tiempo
como un puñal en el filo.

Veo carga en la mirada
y tormenta en el amargor de tu silencio.
El insomne recuerdo del miedo en la garganta.

Dicen que el relámpago paraliza el impacto
y lloran doliendo las lágrimas como sirenas.

Vieron caer estertores pulmonares
de sus manos,
vinilos de hojas simples de viento y mareas.

El sonido efímero de lo inexistente.

El mundo en esa gota de rocío
que sostiene historias
de duendes y mendigos de entrevía.

El humo del cigarro que recorre
calles y alientos,
besos y acordes.

El adiós definitivo que limpia el aire,
la dicha que envuelve una vida
sin acuse de recibo.

La proeza de vivir
sin aliento,
mientras caminas
por el confín de los acantilados.
No hay color más romántico que el gris,
cuando llueve sobre el mar.

2 comentarios sobre “El adiós definitivo.

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