Un día al año.

Dicen, que el dolor se hizo tregua,
y el manjar de las flores anegó su corazón.

Dicen que ya no verá el mar en sus ojos,
y que algunas cicatrices sanarán
a los pies de las montañas.

Que las bestias menguarán a su paso
y algunos miedos no cumplirán años.

Que el desierto de su melancolía
será un terreno angosto sin arena,
y las dunas peinarán el viento de la isla.

Dicen, que el asfalto ya no quema sus pies,
heridos, torcidos por el paso del tiempo,
el mismo que será el doctor de sus anemias.

Pero qué inmenso el camino,
las noches de insomnio y soledad,
los días que se hacen largos,
las noches eternas y oscuras.

Dicen, que hay una luz en cada temblor,
que sostiene una historia y algo de futuro.

Que en cada silla hay una astilla que protesta,
y en cada pecho que presiona una ansiedad,
hay un desvelo que susurra,
y algún labio que aleja la tempestad.

Dicen, que hay un día al año,
que dejaría de ser él,
para ser, con impaciencia,
un solo párpado del amor que ya no está.

Nunca se me dio demasiado bien
poner las cartas sobre la mesa.
Quisiera ser capaz…

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