El disparo de la mariposa.

Humo.
Aire que consume mi sed.
Grita.
Corre libre
violando tanto espacio bajo tus pies.
Sueña, cada noche tal vez
si puedes dormir
masticando el humo.

Humo.
El humo de las paredes que se derrumban.
El humo que convierte en barro mis cenizas.
Humo que acoge en vela tus pupilas,
que empuña  el arma del homicida.

Acoge el estertor de dicho sueño
y dale de mamar sin mas premisa,
que romper cada botón de la camisa
es devolver el humo a su dueño.

Abusa mientras perece mi ansiedad
y explota cada parte de mi espejo
en el cerco de mi luna.

Bate los desechos del exterminio.
Sigo vivo.
Dale vida a mis pulmones
y caramelos de chocolate a mi estómago.

Mátalos a bocajarro.
Sin piedad.
Pueden estar muertos,
o vivos a tu lado,
dormidos y empedrados
grises y ajados.

Noche.
Oscuridad.
Toma mis uñas y ven a encontrarme.

Sigue el humo.
Buscando humo,
saliente de la noche
que desciende del disparo de la mariposa.


Aquellos que niegan Auschwitz, estarían dispuestos a volver a hacerlo.

Primo Levi.

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