El dichoso oportunismo de un camión de basura.

El oportunismo de un camión de basura,
es parar en esa calle estrecha 
para anudar nuestras manos, 
y regalar una exclamación a nuestras miradas.

Es parar en el semáforo,
beberse los colores a tragos largos,
apagar el interruptor de la luna
y cerrar la llave que ilumine la madrugada.

Es sentirse vivo 
cuando el vacío llena trenes y aeropuertos.
Llorar cuando la vida te aprieta la garganta
y sientes que no queda nada, salvo andar sobre el filo.

Es salir a la calle a contemplar el tiempo vivido,
el sueño híbrido de deseo y paños mojados.
Las manos abiertas por el paso del tiempo  
y una espalda que ya no puede sostener tanto peso.

Es sentarse al lado de la muerte y romper el espejo,
darse la mano y aprender a andar
desnudando el alma en cada suspiro, 
en cada barco que zarpa contigo en la orilla.

Es ese no mirar atrás ahogando las palabras,
no tener miedo al monstruo de masa gris 
que invade el pulmón y el alma de miedos.
Es comer esmeraldas sabiendo comer también cristales rotos.

Es saber que somos parte del rebaño, 
siendo juez y parte de nuestras emociones.
Saber que no hay rendición más dolorosa
que dejar de querer aún queriendo.

Es saber parar el mundo a tiempo,
sabiendo bien de donde venimos, 
y a donde nos lleva
el dichoso oportunismo de un camión de basura.



Dime si aún me recuerdas
en tus naufragios de sangre y sal.
Dime si no te muerde
la soledad.

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