Los valientes incendian las mareas

Ser el plato principal y el postre. 
La ficha invisible del tablero 
y el billete que compra toda las casas.
Ser la sábana que abriga tu cuerpo 
y lo acaricia 
y lo desarropa sin darse cuenta.
Ser el aguafiestas que suelta el líquido
por tu ombligo 
mientras te estremeces con los ojos cerrados 
y el alma en carne viva.
Ser el corazón en remojo 
y las canas que avivan tu cabello.
Ser tu casa. 
Cortar las luces. 
Ser melodía sin palabra.
Ser tu mar en el sur de tu pecho.
Ser rosa y espina, asfalto y salitre, 
el sol que te quema, el camino que sigue.
Tu color favorito, 
el vuelo de tu falda,
la mancha del pantalón,
el pliegue de la blusa que en tus pechos descansa.
La noria que a toda velocidad 
decide en segundos la partida.
El nudo del estómago que decide tu apetito.
Ser la vela de vainilla, de fresa o de jazmín,
el aroma que da luz al baño 
y el cuarto donde pongo mi vida en tus manos.
La autoridad que te arresta 
por derramar en el suelo mi sangre, 
y fumarte los besos en cada esquina, 
y gritar tantas mentiras en la hora 
en que los cobardes duermen y 
los valientes incendiamos las mareas.
Ser el indicador que me dice 
que puedo vivir sin ti.
Pero contigo es verde el azul y la noche es añil.
Ser tu religión y tu rebeldía, 
tu noche y también la mía. 
La planta que no riegas y crece,
abono para tus piernas y saliva para tus pupilas.
Las manos que tocan tus pies hasta quedarme dormido.
El desvelo en que mis manos pierden la razón.
Ser el poema que habla de ti 
y te desgarra, 
te desnuda, 
te desarma,
te abraza.
El poema que se esconde detrás de sus palabras 
para no ser encontrado.
Ser el desorden y el bloqueo.
La vida que pasa y la muerte que mira.
La cama que te sostiene y el motivo de tus pasos de baile.
El panadero que amasa el azar.
La masa madre de tus sueños por vivir,
el costurero que teje el manto de nuestro fracaso.
El oculista que talla tus ojos en cualquier rostro de paso.
Juglar en tu viento,
filo de la guadaña.
El mundo que empieza,
la vida que acaba.
Y es que el amor
amorfa la identidad.
Hay otro semblante
observando la realidad.
Y las entrañas del otro sin estudiar.
Dos burbujas sin brújula
queriendo volar.

6 comentarios sobre “Los valientes incendian las mareas

  1. Querido trovador, este canto que dejas a la mujer, a esa mujer es mágico, elegante y delicado.
    Cualquier mujer quisiera estar en esa piel, en esas manos, tener esa saliva en sus ojos, sentir esos pies helados.
    Cualquier mujer quisiera estremecerse com los ojos cerrados y tener el alma en carne viva.
    Pura belleza mi querido amigo poeta, gran poeta!

    Le gusta a 2 personas

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