Atajos de cielo y sangre

El Trovador del Frac te recita. Pincha aquí.

Amanece,
y en el rocío flotan las ruinas del pasado.
Aguantamos borrachos de inviernos estériles de amor
y asesinos a sueldo del buen querer. 

La vida sostiene su transparencia 
en los andamios de su obra,
e inicia la reforma tallando historias de amor
en adoquines sin color ni memoria.

Piensas que caminar en línea recta 
siempre es peor que dar vueltas por el mar.
Que hoy la vida te pesa en los zapatos
y la nostalgia se pega en la punta de tus dedos.

Dicen que ya no quitas el polvo del espejo,
y te suicidas junto al tiempo en tardes 
de obras de arte 
y sexo a escondidas.

Hoy, 
el mismo espejo me devuelve la imagen
de un anciano tendiendo su ropa limpia
en tardes de lluvia y nueces.

La imagen de un corazón en pleno cambio,
repartiendo al peso danza, licor
y dulces de invierno en primavera.

Búscame en el laberinto del desarme.
Entre los árboles del bosque 
que no paran de crecer en mi silencio.
En los atajos de cielo y sangre que me llevan a Marte.

Búscame en los miedo que cocino a fuego lento
al odiarte.

En el dolor que viaja en cascadas de agua salada 
al recordarte.

Mejor déjalo ir. 
Mejor, déjalo marchar.

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Déjalo ir,
déjalo marchar,
tienes algo que te pesa de más.
Déjalo ir,
si no te va a arrastrar…

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