El jardín de los inciertos.

El trovador del frac te recita. Pincha aquí.

Pasa.
No dejes un minuto tus pies afuera.
Quiero provocar todos los síes del mundo afirmativo
para que nunca te pares en seco.
Quitarte la piel muerta 
que cubre esa montaña de emociones negativas
tan vivas.
Traspasar la celosía que te separa del cuerpo 
y te conduce al jardín de los inciertos.

Buscar en la casualidad 
la inyección que hace sangrar en vida al corazón.
Latiendo.
Encontrar una luz en el encierro
y las sombras que nos traspasan el alma.

Es hora de calzarse los zapatos de otros.
De cerrar heridas 
y darte ese abrazo que te disloque la espalda.
Centrar tu respiración
en el crujido de las hojas secas
que mueren a tu paso.

Mirar al cielo.
Besarte con la libertad hasta que los labios 
te escuezan,
y sus grietas te atraviesen las ganas.

Quitarle la pesadez a los meses de invierno
y añadirle tu calidez al verano.

Abrazarme fuerte 
hasta juntar mis manos 
justo detrás de mi cuello.

Subirme al columpio en movimiento
buscando una huida hacia adelante.
Buscar el ritmo dentro de mi.
Escucharme.
Pararme.
Crearme.
Respetarme.
Y hacerme el amor como jamás lo hice con nadie.

Pregunta por mi.
Estaré allí.
En el último puesto del mercado,
donde comer no es tan importante
y las caras de los viajeros son anónimas.

Empújame hacia el abismo
y salta detrás de mi.

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