El hombre del piano

Se puede llorar con una canción.
El hombre del piano vino a visitarme en la ducha 
y me vi reflejado en el cristal de la mampara y el marrón de los azulejos.

“Ay…amor mío…que terriblemente absurdo es estar vivo. 
Sin el alma de tu cuerpo…sin tu latido…”, suena antes y ya tiembla algo dentro 
entre las costillas y el olvido. 
Algo con sabor a viejo y añoranza
con gusto a vino y rosa amarga.
El espejo me devuelve la imagen del miedo 
y el sabor dulce de la mañana sin horario. 

Las sábanas deshechas solo de mi lado 
me recuerdan quién soy
y el precio de lo merecido. 
Y hasta las esquinas de los marcos 
son puñales que habitan en la mirada fría de la pared .

El armario vacío de camisas 
me avisa de la llegada de un domingo raro,
astromántico
que engaña con el sol en la ventana 
y golpea en la nuca con la estaca del olvido.

El miedo y la oscuridad van de la mano 
y soportan el peso de los besos que no te doy.
Cada minuto sin ti te estás yendo,
estoy un poco más lejos de todo
y menos cerca de tu pecho.

Los soles no soportan a las lunas 
y estas viven su momento.

La tierra despierta en el calor de los asfaltos 
y los amores fieros mueren en las cunetas.

No es tiempo para los torpes, 
no es tiempo para los emprendedores del amor.

Madrid, julio 2018

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