Te debo un baile.

El Trovador del Frac te recita. Pincha aquí.

No soporto este silencio infinitivo.
Ésta forma abstracta de amor lleno de columnas de garaje abandonado.
De nuevo el aire sabe a tierra mojada y lluvia de verano inacabado.
Yo, que me intento convencer de que algunas incertidumbres acaban siendo verdad 
si las repites muy alto dentro del corazón.
Yo, que construyo edificios interminables 
sobre los cimientos de algunos mares que empezaron a morir mientras se llenaban.
Siento de nuevo que no tengo razón. 
Que las facturas del corazón se pagan a plazos 
y la hipoteca del amor tiene el interés muy variable.
Siento que el mecanismo de tornillos y ovillos de sentimiento enraizado 
sigue obstruyendo el humor, el amor y el encanto.
Que la rutina gris de un hombre sin rostro 
seguirá teniendo vida en el movimiento circular de cada universo.
Que no hay satélites que valgan la pena, ni planetas girando, 
ni luz de estrellas que brillen dormidas si no sentimos el amor entre los dedos.
Me digo muy alto que el amor está entre los dedos. 
En nuestras espaldas. 
En el milímetro de un pelo de punta. 
En el segundo en el que sientes un escalofrío 
y tu risa gira de medio lado.
En el baile que te debo.
El amor está en un desayuno, en un libro, 
en mil canciones
y los abrazos sin pensar. 
Otra vez. 
Lo estoy haciendo otra vez. 
Soy un mentiroso compulsivo tratando de venderle a la vida 
una forma de amar sin convencionalismos. 
Creo en esta forma de amar. Pero la vida no arriesga. 
Tiene la muerte segura y las cartas marcadas sobre la mesa. 
Y me convenzo. No es una mentira. 
Sé que es real pero vuelvo a estar solo con mi creencia absurda 
en este jardín llamado futuro.
No me acostumbro a este cuerpo en esta vida sin sal ni mar 
que lo bañe desnudo de vergüenza. 
A ésta manera de ser siendo yo. 
Y es todavía peor cuando intento ser otra persona diferente.
Siendo yo tantas personas hoy no quiero ser nadie. 
No quiero ver a nadie. 
Anulo la cita conmigo mismo 
y dejo mi sombra en el rellano junto a las plantas que me sobran. 
Por que no me cabe en casa. 
Por que solo quepo yo, con mis armas sobre la mesa 
y mi desorden de equilibrista que se juega la vida 
sobre una cuerda roída por el tiempo.
Dejar de ver el bosque. 
Talar todos los árboles hará reconciliarme con el vacío.
No quiero gestionar mi rabia. Ni mi miedo. Ni mi tristeza. No me apetece. No tengo fuerzas. 
Tampoco quiero abrazarlas. 
Quiero atravesarlas, agujerearlas sin soltar una palabra 
y enterrarlas en llanto de noches en vela.
Algo me duele dentro. Es un dolor extraño. 
Es un dolor que no duele pero entristece.
Quiero hundirme en el abismo de cualquier oscuridad 
para encontrarle sentido a este dolor que se hace grande en el pecho. 
Pero no duele. 
Quiero decirme que entiendo todo. 
Y vuelvo a mentir. No entiendo nada. No quiero entender nada. Me digo que todo irá bien. Que todo está bien.
Joder, no puedo dejar de mentirme. 
Solo tengo claro el amor que me supura por las grietas del pecho.
Sí, lo has adivinado. 
Hay grietas y alguna costra seca con la sangre seca pudriéndose. 
Pero no me duelen. 
Hace tiempo que dejé de sentirlas y apenas sé que están ahí.
No dejo de mentirme y decirme que todo estará bien 
mientras pienso que siempre escogemos el camino de regreso. 
Como el frío vuelve al invierno aunque se pierda despistado 
en los amaneceres de algunas estaciones. 
Y en éste sendero nunca está el corazón haciendo dedo.
Y me repito. Me repito una y mil veces en ésta madrugada sin horas.
Deja de engañarte. No eres escritor. No eres poeta. 
No eres amor ni vida dentro de nadie. No eres luz en la vida de nadie. 
Por que hay luces que se tienen o no se tienen. 
Y no se compran en las ferreterías y tiendas de barrio.
Deja de hacerte el muerto y vive sin enterrar la vida de nadie.
Quiero dejarme. No quiero escuchar mis tristezas ni mis deseos. 
Recito el orden de las cosas como recito la lista de la compra.
Todo está bien. Todo está bien. Todo está bien. 
El amor no está bien. El amor no está bien. El amor, no está bien. 
Estoy cansado de aspirar hondo. 
De respirar cerrando los ojos apretando fuerte el corazón. 
Asumiendo que la vida es así. 
Asumiendo que el engranaje del ser humano funciona con el aceite de la realidad y sus miserias.
No puede ser tan difícil.
Amar no puede ser tan difícil.
Dejarse llevar no puede acabar llenando la carretera de cadáveres 
y el asfalto de flores secas.
Sentir tanto amor en ambos sentidos tiene que pesar más que cualquier miedo. 
Que cualquier desesperanza.
Sentir tanto amor tiene que convalidar la asignatura de bellas artes 
en la facultad en la que nos matriculamos.
Vuelvo a pensar con claridad. y vuelvo a hacerlo. 
Vuelvo a contarme mentiras e historias de miedo. 
No tengo remedio. Sé que debo quererme así. 
Pero hoy no quiero. Y me maldigo por ello.

Que el mundo, amigo mío, es solo un espejismo. 
Donde las caricias son parte de la historia 
y los abrazos se quedan callados si mis manos y tu pelo, 
ya no encuentran el camino de regreso.
Te debo un baile.
Y no una explicación.
Te debo un baile.
Lo bueno va a encontrar su oportunidad.
Ahora tú,
no dejes que hable.

2 comentarios sobre “Te debo un baile.

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