El encuentro.

-Hola, bienvenido. 
-Buenas tardes, y gracias por invitarme a tu encuentro. 
-No, por dios, aún sigo buscando el hilo en la leyenda, 
la manta que me abrigue del frío y la máscara que cubra mi desgana. 
-Vaya. ¿Sabes? Sabía, no sé cómo ni por qué, qué dirías algo así. 
Pero tranquila, 
todavía la lujuria lingüística no me permite mirarte a la boca, 
que son tus ojos, o quizás estos son tu boca.

El día comenzó como empezó la noche. 
Luces tenues de atardecer a las 6 de la mañana 
alumbrando un mantel de nervios aturdidos. 
Acompaña algo en la radio 
y el despertar se va haciendo más llevadero 
agarrado a la falda de la madrugada.

-Escucha, no sé qué hacer con el día hoy.
Veo tanta gente cuchicheando en los pasillos del desamparo 
que necesito deshacerme de las horas, tirarlas a cualquier alcantarilla, 
o acantilado si así el acto de tirar algo resultara menos tedioso. 

-¿A dónde vas loco inconsciente? 
Desanda el camino andado 
y utiliza alguna palabra para navegar donde nadie te conozca, 
un rato nada más. 
Será breve y discreto, leve y atrevido, dulce y misterioso 
deshacerse del lodo que cubre tus pies sin darnos cuenta. 

-Qué gran idea, y que fácil pensar en renacer cuando ya no esperas nada. 
Y no puedo sacarte de mi cabeza, 
ni dejarte entrar en ella ni mentirte cuando clavas tus puñales en mi espalda. 
Qué fácil es cantar al aullido de un demonio, 
qué fácil es espantar a las alimañas cuando la peor se alimenta en mi escondite.
Qué fácil el querer morir sabiendo que vivo robando vidas 
en cada sabana que habito. 

-Vaya, no me había parado a pensar en el hambre que genero en ti, 
tú que comes cada día y te alimentas de espumarajos salvajes. 
No sabía el vacío en el que habitas, si me permites la expresión, 
y yo tratando de alargar los brazos para ocupar el espacio que nos rodea. 

-Deja ya de paladear cada rato que pasamos, no es extraño que cada uno siga su camino. 
Si en verdad ni nos conocemos, 
sabiendo quizá que seas mujer arrullando el corazón parado en el verso. 
Te conozco bien, en tan poco tiempo cruzando las miradas. 

-Tranquilo, trataba sólo de acercarme y sorprenderte, 
o tal vez acuchillarte a ver si de esta forma consigues revivir de una vez. 
Trataba de enamorarte, o enamorarme, 
como se enamoran los atardeceres del rocío 
y el olor a sexo de la madrugada. 
Perdón por la conciencia. 
Perdón, perdón por la mirada. 

-Hasta pronto. 
-Hasta siempre.

Agosto 2016



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Entonces,
Tuve que conformarme con la medalla de bronce.
Tú me diste un diez
Y yo fui y te puse un once.
Entonces…
Es una lástima,
que esta canción haya nacido ya tan trágica,
y que no quiera darme oportunidades
de matar esta agonía
de tener necesidades.

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